30 mayo 2007

Das Buch im Buch

Cuando un desconocido me pide que le recomiende un libro, le pregunto qué clase de novelas le gustan, o que me diga un par de títulos de novelas que le han gustado especialmente. Así tengo algo a lo que aferrarme, para no tener que recomendar algo desde la nada. Muchas veces me he parado a pensar qué contestaría yo si me hicieran la misma pregunta. ¿Qué clases de novelas me gustan? Hay docenas de respuestas a esa pregunta. Me gustan las novelas que a veces parecen más un poema que una novela, las novelas donde la magia se cuela en la realidad de la ficción, las novelas donde el azar y las casualidades juegan un papel importante, las novelas de historias cruzadas que acaban por colisionar, las novelas donde el autor va dejando migas que después recoge en un final en el que todo encaja (hace poco hablaba de esto en Liter-a-tres)... Y, terminando de leer la última novela de Millás, me di cuenta de que también me gustan las novelas donde, en un momento u otro, aparece un cuento o una historia dentro de la historia. Quién haya leído Laura y Julio recordará el cuento sobre las sombras que Julio le cuenta a Julia. Para mí es de lo mejor de la novela. Pero por aquí y aquí también han pasado algunos de los cuentos que Ted Cole escribe para su hija Ruth en Una mujer difícil (otro de estos cuentos, El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido, se ha independizado). También está la novela quizá menos conocida de Jostein Gaarder, El vendedor de cuentos, con varias historias inventadas por el protagonista. Quién lo haya leído seguro que no ha podido olvidar la fantástica historia del LSD (Lack of Soul Disease). Pensando, pensando, recordé el western que Shatzy Shell escribe en City, de Baricco. Y en algún sitio he leído que lo mejor de Muerte de un apicultor, de Lars Gustaffson, es el capítulo titulado "Cuando Dios despertó", una especie de historia dentro de la historia (lo tengo anotado para buscarlo un día de estos).

Cajas chinas. Muñecas rusas. Se buscan. Se aceptan sugerencias.

[La imagen es de un libro titulado El libro en el libro, de Jörg Müller. Está tomada de
este artículo de Imaginaria, donde pueden leer más sobre este libro]

29 mayo 2007

Fragmentos de Esta historia

Son algunas de las frases y párrafos que he estado subrayando mientras leía la última novela de Alessandro Baricco, Esta historia.

Es importante ver cómo escoge los nombres la gente. Morir y poner un nombre – no se hace nada más sincero, probablemente, en todo el tiempo en que uno está vivo y coleando en este mundo. (p. 30)

- Admito que la frasecita sobre los sueños no está nada mal, pero frases como ésa sólo son verdaderas en los libros: en la vida, son falsas. La vida es endemoniadamente más complicada, créame. (p. 41)

No hay heroísmo en las penas que uno mismo se inflige; ni siquiera son penas, en verdad, sino inescrutables placeres. (p. 141)

Escribir, he escrito mucho. Pero escribir es una forma sofisticada de silencio. (p. 202)

Esta misteriosas circunstancia de que las cosas de nuestro pasado sigan existiendo incluso cuando salen del radio de acción de nuestras vidas y que, es más, maduran, trayendo frutos nuevos cada estación, para una recolección de la que nosotros ya no sabemos nada más. La persistencia ilógica de la vida. (p. 206)

Había conocido a Ultimo y su mundo lo bastante como para saber que esa gente tenía la paciencia del insecto y la determinación del ave rapaz. No habían recibido como herencia el lujo de la duda, y desde hacía generaciones nadie se había planteado nunca que en una vida pudiera caber algo más que una única vida: y una única locura. Con premisas de este tipo, bastaba con que uno tuviera talento y la suerte de estar vivo para hacer lo que quisiera hacer. (p. 290)

Pensó entonces en el caos de todas las vidas, y en el arte refinado de las cosas que saben articularlo en una única figura, completa. Y comprendió qué es lo que nos conmueve en los libros, en la mirada de los niños y en los árboles solitarios, en medio del campo. (p. 307)



[Y aquí un fragmento que os dejé hace un par de semanas.]
[La imagen es de lumix2004.]

Más sobre best sellers

Sigue el debate sobre los best sellers en El País. Parece que Mañas ha destapado la caja de Pandora. El domingo leíamos a Julia Navarro (aquí el artículo completo), que entre otras cosas decía lo siguiente:

"El por qué algunos libros se convierten en éxitos de ventas y otros no es casi un misterio, que no he logrado que me desvelen ni siquiera los muchos libreros que he conocido en estos últimos años. La mayoría coincide en que la mejor y más exhaustiva campaña de marketing puede ayudar a vender unos cuantos miles de libros, pero no a convertirlos en éxitos de ventas. Es el boca a boca lo que funciona, son los lectores los que tienen la última palabra más allá de las recomendaciones de los críticos o de la publicidad. Ésa es la magia de los libros, el factor inesperado que hace que unos lleguen al corazón de los lectores y otros no.

Ya les gustaría a los editores, y no digamos a los escritores, lo confiesen o no, conocer la fórmula mágica que convirtiera en éxito de ventas cuanto escriben. Pero esa fórmula no existe. Ni todos los libros que se venden mucho carecen de calidad literaria ni los que apenas llegan a poco más que unos cientos de lectores son extraordinarios."

Y ayer lunes, El Roto nos dejaba su opinión gráfica sobre el tema...

28 mayo 2007

Como Pedro por mi casa

La librería La Central del Raval ha organizado, durante la semana pasada, su segundo festival de libros ilustrados, titulado "Como Pedro por mi casa". El año pasado, ni me enteré de su existencia, pero este año vi una mención de pasada a Can Caballé y pensé que algo como eso no me lo podía perder, así que el sábado por la tarde pasé un rato en la cripta.

De allí me llevé el catálogo de la exposición/festival, pero sobre todo, un buen rato [h]ojeando libros maravillosos. Cada vez que cogía uno era como acercarme a un cuadro colgado de la pared y palpar las texturas de la pintura, los grumos y las grietas del óleo. Un verdadero placer. Espero que repitan el año que viene...

25 mayo 2007

En sus manos (al menos una vez)

No está mal del todo que los libros que una vez fueron nuestros o de nuestros amigos vuelvan a circular y regresen al mercado. "Al fin y al cabo, tú, y yo, y Peter", le escribí, "nos hemos sentido felices al encontrar, en el último rincón de una vieja librería, un ejemplar 'inscrito' por el autor a alguien que para nosotros es un completo desconocido, pero que tal vez para aquél fue un ser querido. Y ten en cuenta que son probablemente esos ejemplares, que no ocultan del todo su pasado, y que nos consta que al menos una vez el autor tuvo en sus manos, mientras los dedicaba, los que más queremos y atesoramos".

[Es el final del artículo de Javier Marías, "Los pecios de nuestros amigos", que apareció el domingo 13 de mayo en EPS y que podéis leer íntegro
aquí. La imagen es de Sonia Pulido, y acompañaba el artículo de Marías. Gracias a Neus por mencionar el artículo en la trobada del pasado viernes.]

23 mayo 2007

La mitad del conocimiento

"Sabes una cosa, les dicen, una vez me encontré a un niño como tú. Un niño que no sabía de dónde venía. Te encontré como la hija del Faraón encontró a Moisés, flotando en las aguas de un río, y eras tan guapo que, en vez de dejarte solo o tirarte a la basura o llevarte al hospicio, decidí quedarme contigo. Y luego tuve que cuidarte y fuiste creciendo y, aunque no sabía quién eras, me tenía que conformar con la mitad del conocimiento y vigilarte y estar a tu lado a todas las horas, pues vivías rodeado de peligros y de cosas extrañas. Y, cuando te ibas a la cama, acostumbraba a contarte historias. No podían ser historias vulgares porque tú no eras en absoluto vulgar. Y en esas historias hablaba de dragones, de hadas egoístas, de princesas dormidas y de hombres de hojalata que andaban buscando su corazón, pero en realidad sólo estaba hablando de lo que me pasaba al estar junto a ti. Y unas veces era como dar de comer a un pajarillo que estaba hambriento, y otras como correr detrás de un becerro que no sabía que hacer con su fuerza. Y así hasta que un día, cuando fui a buscarte a tu cuarto, ya no estabas en él. Porque los niños, no se sabe por qué, un día desaparecen, y en su lugar dejan a un muchacho o una muchacha, que pueden ser muy guapos y cariñosos pero que no es lo mismo, porque ellos no pueden colarse por el hueco de un árbol, ni son capaces de darse cuenta de que, tras el sonido de la hierba, lo que se escuchan son las pisadas del Conejo Blanco, y tras el sonido de las esquilas el tintineo de las tazas de porcelana de la Liebre de Marzo."

[Fragmento del artículo de Gustavo Martín Garzo del pasado domingo 13 de mayo en El País, titulado El jardín secreto, y que pueden leer íntegro
aquí. Gracias a Carles por la referencia...]

22 mayo 2007

5 años de Paperdevidre

Debo reconocer que no conocía la revista Paper de vidre hasta hace bien poco, unas semanas, cuando en alguna parte (seguramente de la mano de El Llibreter) leí que acababa de aparecer el número conmemorativo de su quinto aniversario, que contenía una serie de colaboraciones en las que los autores (algunos muy conocidos; otros no tanto) habían reescrito, en un puñado de líneas, alguna de sus obras de cabecera. Como bien dicen en uno de los cinco apuntes que abren la revista, los lectores inquietos han dado un paso más.

Las obras reescritas van desde clásicos como La Odisea, Moby Dick, Atlàntida o La princesa y el guisante, hasta obras contemporáneas como Las Cenizas de Ángela, Crónica de una muerte anunciada, El nombre de la rosa o La broma infinita. Algunas de las reescrituras pretenden capturar la esencia de la obra, otras son creaciones del lector tomando la obra en cuestión como punto de partida, otras resumirla de manera más o menos jocosa, y así tantas como colaboradores (56 en total).

De todas ellas, por su temática librosférica y para animarles a que se pasen por Paperdevidre, descarguen y lean este número, me permito reproducir (en su versión original y en una traducción casera), la reescritura que
Subal Quinina hace del “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”, de Julio Cortázar y, como bien puntualiza, del anuncio de Seat León.

Preámbulo a estampar tu Seat León

Piensa en esto, quan et deixen un llibre, no et deixen un llibre, sinó l’obligació de llegir-te un llibre, et regalen —no ho saben— hores d’abominable avorriment, et regalen hores d’angoixa enverinades amb milers de suposicions a l’entorn de per què et deixen aquest llibre i no aquell altre, et regalen la prohibició de doblegar pàgines, de subratllar errates o frases lapidàries, et regalen l’obligació de tornar-lo a la persona que te l’ha deixat, et regalen l’esclavatge de l’excusa; que si avui se m’ha oblidat, que si encara no l’he acabat, quan el que passa és que l’has perdut, cretí miserable, i a les llibreries està exhaurit. Ah no, per favor, no em deixis el teu llibre, dóna’m les claus del teu Seat León i no pateixis, que jo ni corro ni bec.

(Piensa en esto, cuando te dejan un libro, no te dejan un libro, sino la obligación de leerte un libro, te regalan – no lo saben – horas de abominable aburrimiento, te regalan horas de angustia envenenadas con miles de suposiciones alrededor de por qué te dejan este libro y no aquel otro, te regalan la prohibición de doblar de páginas, de subrayar erratas o frases lapidarias, te regalan la obligación de devolvérselo a la persona que te lo ha dejado, te regalan la esclavitud de la excusa; que si hoy se me ha olvidado, que si todavía no lo he acabado, cuando lo que pasa es que lo has perdido, cretino miserable, y en las librerías está agotado. Ah no, por favor, no me dejes tu libro, dame las llaves de tu Seat León y no sufras, que yo ni corro ni bebo.)

21 mayo 2007

1r BLB

Cosas que aprendimos la noche del viernes

- José Ángel Mañas, definitivamente, no tiene ni idea de lo que leía una familia de clase media de hace veinte o treinta años.
- El Código da Vinci no es el libro peor escrito del mundo mundial.
- No era necesario que Trapiello escribiera la continuación de El Quijote.
- Hay una manera de hacer que las estanterías baratas del Ikea no se comben bajo el peso de los libros.
- Las similitudes entre Rayuela y El Guardián en el Centeno.
- Hay que darle las gracias a Blogger por lo fácil que nos lo ha puesto a los no iniciados esto de tener un blog.
- A veces, los temas más inesperados son los que más visitantes atraen a tu blog (digamos, por ejemplo, las ensaladas).
- Y vale, sí... algunas bibliotecarias tenemos un puntito cruel que a veces dejamos salir en momentos inoportunos...

En definitiva, una velada más que agradable. Intentaremos repetir.

[Para más detalles, visiten la crónica del anfitrión - al que, además, le debo mi "look" de men in black - y, desde allá, las aportaciones del resto de participantes.]

18 mayo 2007

De barberos y libros "de verdad"

- No se deje llevar por la curiosidad de saber quién es el asesino. Eso está bien para las novelas policiacas. Son los peluqueros los que leen las novelas policiacas.
- ¿En serio?
- Entre nosotros, es así. Las lee el barbero y luego nos las cuenta mientras nos afeita. Así nos ahorra el trabajo, ¿comprende?
- Es un buen sistema.
- Lo hemos probado también con los libros de verdad, pero no ha funcionado.
- ¿No?
- La idea que nos hemos hecho sobre los libros es que si uno no consigue contarlos en el tiempo de un afeitado, entonces son literatura. Y ésta no está hecha para nosotros. ¿Usted lee?
- Sí. De vez en cuando, también escribo.
- ¿Libros?
- También.
- Fantástico.
- Sí.
- ¿Sabe que Fangio nunca sale a la pista si no está recién afeitado? Es una obsesión suya.
- No estoy yo muy segura de saber quién es Fangio.
- Eso no lo diga ni en broma.

[Fragmento de Esta historia, de Alessandro Baricco.]
[La imagen es de Tijmen.]

17 mayo 2007

16 mayo 2007

¿Y no hay más opciones?

"Bestsellerizarse" o morir

Hace apenas velnte años, una familia de clase media leía a Var­gas Llosa, a García Márquez, a Günter Grass, a Max Frisch, a Heinrich Boll y, a lo mejor, si querían darse aires de culture­tas, hasta se atrevían con Ja­mes Joyce o con Robert Musil. Hoy, la misma familia lee a Dan Brown, a Dan Brown, a Dan Brown, a Dan Brown y, a lo mejor, si se pasan por el VIPS de la esquina, a alguno de los tropecientos primos hermanos que le siguen saliendo a Dan Brown. No hay más que remitir­se a las listas de ventas.

Un fenómeno semejante se presta a diversas interpretaciones. De entrada, tenemos a los catastrofistas que, fieles a su per­sonaje, se echarán las manos a la cabeza. Nos dirán que el ni­vel cultural no deja de bajar. Que si la LOGSE, que si los SMS, que si el apocalipsis. Los oigo y me viene a la mente el texto de cierto respetable profe­sor de la Primera República que ya en el siglo XIX se quejaba de la decadencia de la educación española y se preocupaba muy seriamente porque el nivel inte­lectual de las nuevas generacio­nes bajaba a marchas forzadas (qué pensaría si echara un vista­zo a los discursos de nuestros políticos). Es una cantinela muy vieja. Como decía un escritor egipcio del siglo veintiocho an­tes de Cristo: “Oh, Amón, ¿qué sentido tiene escribir, si ya está todo dicho?".

Los que no tengan tantas an­teojeras, por su parte, observa­rán que rara vez ha habido un momento de eclosión cultural e informativa tan importante, y que si bien la literatura no pare­ce en alza, hay otros territorios - en especial informáticos - ­que están atrapando en sus bri­llantes redes a buena parte de las neuronas. Mi humilde opi­nión es que la inteligencia me­dia de la humanidad en cada estadio se mantiene más o menos al mismo nivel - y, si acaso, globalmente se incrementa -, sólo que en función de las épo­cas se va concentrando en tal o cual dominio que resulta coyunturalmente más atractivo. En definitiva, que salvo las puntuales travesías por el desierto (y no me parece que sea el caso), lo que se pierde por un lado se gana por el otro.

Eso no quita que el declive de la cultura literaria parece in­cuestionable. ¿Los responsables más directos? Por una parte, la dura competencia que le hacen al libro las nuevas tecnologías en lo que a ocio se refiere (yo mismo, de haber nacido veinte años después, habría pasado más horas con la X-Box y me­nos con Edgar Rice Burroughs). Por otra, la propia industria edi­torial. No es que me parezcan exigibles las tiradas de 100.000 ejemplares de Musil o de Joyce: me aburren soberanamente. Pe­ro las de tres millones de Dan Brown tampoco parecen im­prescindibles más allá de una lógica exclusivamente mercan­til. Sin desprecio por la pecu­nia, creo que el ciudadano con­sume en buena medida la cultu­ra que le dan, y que se le puede educar y de hecho se le educa desde los escaparates. Por po­ner un ejemplo televisivo: cuan­do no había programas del cora­zón, l@s maruj@s catódicos encontraban lo que les gustaba dentro de lo que se les ofrecía y no despreciaban, llegado el ca­so, los debates culturales de La clave. Bien es cierto que una vez que una cadena empieza a ganar dinero con pornografía, las otras acaban obligadas a se­guir el modelo. Pero de ponerse de acuerdo unos cuantos pica­tostes, se podrían arreglar bas­tante las cosas.

¿Significa ello que la literatu­ra se está extinguiendo? Sólo si se deletrea con mayúsculas. Por­que, pese al declive de la cultura escrita, resulta que en el mundo se editan y se venden más libros que nunca, y también es mayor que nunca el número de escrito­res que se pueden dedicar profe­sionalmente a ello. Eso tendría que ser un motivo para la ale­gría. Pero lo cierto, repito, es que el número no implica diver­sidad y que lo que se está pro­duciendo es una progresiva bestsellerización del sector. Ello se constata doblemente. Por una parte, las propias editoria­les, si uno se fija, están empezan­do a renunciar a sus formatos clásicos, a aquellos diseños que caracterizaban a la casa, para camuflarse en lo posible en ese mercado tan suculento y llama­tivo del best seller. Por otra, los propios escritores se van dando cuenta de que si no se bestselleri­zan mínimamente, añadiendo un punto de comercialidad te­mática y de suspense, se acaban quedando fuera de juego y te­niendo que dedicarse a estudiar oposiciones, cosa bastante tris­te, se lo concedo. Es un fenóme­no que tiene un paralelismo evi­dente con el cine, donde cada vez son más raros los artistas que insisten en su vía de autor, sino que por lo general pasan de dirigir Los duelistas a Gladia­tor, de Sospechosos habituales a Superman, de Memento a Bat­man begins.

Los hechos no pueden ser más claros y las consecuencias tampoco: los lectores deman­dan un tirón narrativo al que para bien o para mal les hemos acostumbrado, y todos los que queramos dedicamos profesio­nalmente a esto tendremos que plegamos antes o después. ¿Las alternativas? Ninguna: o bestse­llerizarse o morir. Cada cual se­gún su conciencia.

[José Ángel Mañas, en El País del pasado viernes 11 de mayo de 2007]

(Reproduzco el artículo aquí al completo ya que solo los suscriptores de El País pueden acceder a la versión completa del mismo por Internet. La imagen está tomada de aquí.)

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Justamente vinimos a encontrarnos con este artículo el mismo día que en el boletín de novedades que por correo electrónico me envía una gran cadena de librerías se anunciaba la última novela traducida al español de John Crowley, titulada La novela perdida de Lord Byron, en los siguientes términos:

"En una tormentosa noche de 1816, Mary Shelley, Percey Shelley y Lord Byron se desafiaron a escribir una historia de miedo. Como resultado, Mary Shelley creó a Frankenstein, mientras que Lord Byron cejó en su empeño y abandonó el relato. Pero ¿y si lo hubiera terminado?. Hoy, siglos más tarde, una joven historiadora encuentra documentos que demuestran que el mítico autor romántico llegó a escribir la novela y que el manuscrito fue salvado de la destrucción y cifrado en un misterioso código por su hija."

En negrita, los indicios de que
a) Crowley ha caído en la tentación de bestsellerizarse
b) La cadena de librerías encargada de hacer el resumen, está intentando "bestsellerizar" a Crowley.
Ojalá la opción correcta sea la b)...

15 mayo 2007

Poner caras a los nombres


Remito a todos los residentes en Barcelona (o que quieran venir este próximo viernes de visita) al post de Palimp para más información sobre la reunión de Bitácoras y Libros en Barcelona, a la que una servidora, con permiso de cualquier posible incidencia, asistirá. Considérense invitad@s.

Antipatías

Desde que hace unos días, en concreto desde que leí esta noticia, he estado pensando en las simpatías y antipatías que me despiertan determinados autores. Más en las antipatías que en las simpatías, dado el caso. ¿Dejaría que la antipatía que siento por determinado autor afectara a mi opinión sobre su obra? Quiero pensar que no... pero desde luego, cuando un autor me cae antipático, sí que confieso que evito leer su obra.

Del mencionado Cela, por ejemplo, solo leí hace mucho La familia de Pascual Duarte y La Colmena, pero a no ser que sea por causa de fuerza mayor, no voy a leer nada más de ese... individuo.

Pero el primero en el que pensé fue en Hernán Migoya (su página web personal no funciona en estos momentos), otro de los autores "fashion" de la temporada, autor de, entre otros, dos volúmenes de relatos, Todas putas y Putas es poco. Yo vivía feliz en mi desconocimiento de esta persona hasta que le pillé en una entrevista en la televisión autonómica de Barcelona. Cayó en desgracia desde ese momento.

Muchos me asegurarán que sus relatos son excepcionales, pero qué quieren que les diga... Me he propuesto no leerle. Claro que seguro que eso a su ego le sienta de perlas.

Pasen por el confesionario (Gran Hermano ha arruinado totalmente esa palabra...) y compartan sus antipatías con el resto de los mortales.

11 mayo 2007

Novedades (abril y mayo 2007)

Esta es una selección (personal, intransferible y muy muy parcial) de los muchos libros que han llegado a la biblioteca en estos dos meses.

Tres libros sobre libros: La Biblioteca de noche, de Alberto Manguel [imperdible]; Los Días y los libros, de Daniel Goldin [que fue editor del Fondo de Cultura Económica]; y Libros prohibidos: la vanguardia editorial desde principios del siblo XX hasta la Guerra Civil, de Sergi Freixes y Jordi Garriga.

Tres cómics: El cuarto volumen de la serie Lupus, de Frederik Peeters [curiosa, su página web]; La Tetería del oso malayo, de David Rubín [premio al mejor autor revelación en este pasado salón del cómic]; y Zits: carretera y manta, de Jerry Scott [si os gustan las tiras cómicas - Calvin y Hobbes, Mafalda - y no conocéis Zits, os lo recomiendo].

Y tres novelas: Arthur & George, de Julian Barnes; Mercado de Espejismos, de Felipe Benítez Reyes; y Mundo maravilloso, de Javier Calvo [aunque desde que salió en "Silenci", me lo estoy pensando...]

Y con esto, y un bizcocho... sean buenos y vuelvan el lunes :-)

10 mayo 2007

Baricco, en plena forma

Pero el conde no estaba loco. Tenía treinta y seis años y ningún motivo para estar en el mundo, pero no estaba loco. Procedía de un mundo sin ilusiones, en el que el privilegio de una libertad absoluta se pagaba, habitualmente, con el presentimiento de un castigo que lo cogería por sorpresa, un día u otro. El único oficio para el que le habían preparado, hasta unas habilidades casi místicas, era el de anticipar el inevitable apocalipsis en una liturgia infinita de refinados gestos vacíos, y desolados. La llamaban lujo. No tenía hijos, no los deseaba, y detestaba a los de los demás, considerándolos cómicamente inútiles, tan carentes de futuro como parecían estar. Le gustaban las mujeres, y quizá se casaría con una, para no complicar las cosas. Pero amaba a sus perros, y a nadie más. Un día el azar le había hecho darse de bruces con un absurdo garaje, perdido en el campo. Todo lo que, más tarde, había encontrado allí había sido como un viaje al reverso del mundo, donde las cosas todavía tenían una razón y las palabras todavía señalaban las cosas: cada día una fuerza desconocida separaba allí lo verdadero de lo falso, como el grano de la paja. No había deducido nada de todo aquello, ni había pensado, ni siquiera por un instante, que había que interpretarlo como una lección que tuviera que aprender. Para él, todo aquello era algo ya perdido, y nada cambiaría el curso de los acontecimientos. Pero, de vez en cuando, coger aquella carretera en el campo se había convertido en su anestésico personal contra la pena de la insensatez general. Y así había elegido los gestos apropiados con que deslizarse cada vez más en las costumbres de ese mundo, llegando a hacerse aceptar como una especie de polizón un poco extraño y digno de piedad. No se le pasaba por la cabeza hacerles daño, pero tampoco era lo bastante honesto consigo mismo como para comprender que hacerles daño sería inevitable. Tan sólo quería estar allí. Y, para hacerlo, nada sería demasiado insensato o alocado. Imaginémonos regalar una motocicleta.

[Fragmento de Esta historia, de Alessandro Baricco.]

Qué placer, reencontrarte con la última historia de alguno de tus escritores favoritos, y comprobar que, contra todos tus temores, no han perdido facultades.

Hacía tiempo que no subrayaba tantos fragmentos en una novela. Cuando termine, dejaré algunos de ellos por aquí (aunque no sé si eso suena a promesa o a amenaza...)

09 mayo 2007

Los Más Queridos


Si hace dos días les animaba a dejar su "anécdota con escritor/a" en el blog de "L'hora del lector", hoy les animo a participar en una encuesta promovida por el CEPLI (Centro de Estudios de Promoción de Lectura y Literatura Infantil) para escoger a los más queridos de la literatura infantil. En total, los participantes pueden escoger a dos autores, ilustradores, obras y personajes, uno de ámbito internacional y otro de ámbito nacional.

Tienen de tiempo hasta el 31 de octubre, y entre los participantes se sortearán dos colecciones de facsimiliares de libros infantiles antiguos, editados por el CEPLI en colaboración con el Patronato Universitario Cardenal Gil de Albornoz.

¿Ende? ¿Andersen?
¿Quentin Blake? ¿Mercer Mayer? O quizá alguien más contemporáneo... Shaun Tan, o Rebecca Dautremer, o Tom Schamp, o...
¿Blyton?
¿Stilton?

...

Creo que yo lo voy a tener que consultar con la almohada...

07 mayo 2007

Seis grados de separación

L'hora del lector, el nuevo programa autonómico sobre las tres L (Libros, Lectura, Literatura), lleva ya tres semanas en pantalla (en el Canal 33, los viernes, de 23 a 24 h. aproximadamante) y yo, que de momento no me he perdido ninguno, todavía no les he hablado de él. Pero de hoy no pasa, porque quiero pedirles que se pasen por el blog del programa y aporten su granito de arena a la petición que uno de los colaboradores del programa, Víctor Amela, hizo el pasado viernes: explicar alguna conexión curiosa (sea directamente, o a través de varios grados de separación) que tengamos con algún/a escritor/a. Si lo hacen, no solo podrán dejar su anécdota personal para la posteridad, sino que podrán saber cómo pasé de tener dos grados de separación (sin saberlo) a tener solo uno, con la dama de la foto.

04 mayo 2007

El Món i Un Llibre

Con ganas de leer un rato, te sientas en la butaca, abres un libro...

Pero, un momento: ¿de dónde ha salido este libro?
¿Cómo ha llegado a la estantería?
¿Por qué he cogido este?
¿Qué me ha llamado la atención para escogerlo, para coger justamente este y no otro?

El encuentro entre un libro y el lector es un momento intenso y particular, un cruce donde se abrazan dos historias: la que narra la historia del libro y la que explica la trayectoria del lector.

El libro es un objeto que contiene un mundo. Este objeto, en sí mismo, sale a encontrarse con los lectores después de un proceso largo, delicado y lleno de meandros que determinarán su camino final. El título, el papel, las dimensiones, la extensión, el lenguaje, la tipografía, la imagen, el texto de la contraportada, la colección, la marca editorial, nada es supérfluo y todo puede resultar significativo. Porque el libro debe conquistar lectores para sobrevivir. Para sobrevivir a los rigores del mercado, pero también para hacerse sitio en el imaginario colectivo.

¿Y el lector? Con su equipaje de lecturas previas, sus expectativas y emociones, ¿cómo escoge entre las miles de lecturas posibles?
¿Qué otros libros ha leído?
¿De qué estilo son?
¿Qué autores prefiere?
¿Qué espera?

“El món i un llibre” quiere invitaros a reflexionar sobre el camino que lleva al lector hasta el libro y el libro hacia el lector. El libro, con fuerza para seducir; el lector, con ganas de ser seducido.

Antonio Ramírez, Núria Solsona y Txuma Sánchez, comisarios de la exposición.

[Texto de la exposición]


La exposición se puede visitar en el Palau Moja (Calle Portaferrisa, 1 – esquina con La Rambla) hasta el 23 de junio. A partir del mes de octubre se hará una adaptación de la exposición que itinerará por diferentes bibliotecas públicas de Cataluña. Más información aquí.

A menudo cuesta encontrar el título adecuado [para un libro] de entrada:
Baudelaire pensó en Les lesbiennes o Les limbes y escogió Les fleurs du mal.
Zola probó ciento treinta y tres expresiones para La bête humaine.
À la recherche du temps perdu, de Proust, empezó llamándose Les intermittences du coeur o Les colombes poignardées.
Kundera había bautizado como Amores en Checoslovaquia su libro La insoportable levedad del ser.

[Texto de la exposición]

Edward Wheeler escribió treinta y tres novelas protagonizadas por Deadwood Dick. La editorial Beadley & Company las vendía como churros en formato popular por cuatro céntimos. Cuando en el año 1885/6 Wheeler murió de repente, la Beadley escondió la muerte del autor a sus lectores y continuó publicando libros como si los hubiera escrito Wheeler. Un grupo de trabajo de la misma editorial escribió, como si se tratara de una cadena de montaje, noventa y siete nuevas novelas.

[Texto de la exposición]

Fotograma de "Desayuno con Diamantes". En la exposición pueden verse fragmentos de películas donde los libros y la lectura tienen su lugar.

Los ojos de los críticos, siempre atentos a lo que sucede a su alrededor...

Nadamos entre libros, pero no corremos el riesgo de ahogarnos.

[Texto de la exposición]

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De todos los instrumentos del hombre, el más admirable es, sin duda alguna, el libro. El resto son extensiones del cuerpo .El microscopio, el telescopio, son extensiones de la vista; el teléfono es extensión de la voz. Después está el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es extensión de la memoria y la imaginación. Jorge Luis Borges.

[Texto de la exposición]

Nota: Todos los textos de la exposición son traducciones "caseras" del catalán.

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El Llibreter també ha visitat l'exposició (Afegit dimarts 15 de maig de 2007)

02 mayo 2007

Sant Jordi 2007 en tiras

Fer - Avui, 23 de abril de 2007.

Rondo (¿?) - El Periódico, 23 de abril de 2007.

Daniel Boada - Avui, 23 d'abril de 2007.

Leonard Beard - El Periódico, 24 de abril de 2007.

Forges - El País, 23 de abril de 2007.

Máximo - El País, 23 de abril de 2007.

Ricardo - El Mundo, 23 de abril de 2007.

LPO - El Mundo, 23 de abril de 2007.

Toni Batllori - La Vanguardia, 22 de abril de 2007.

KAP - La Vanguardia, 23 de abril de 2007.

Juanjo Sáez - El Periódico, 22 de abril de 2007.

Liniers - El Periódico, 22 de abril de 2007.

Tàssies - El periódico, 22 de abril de 2007.

Todas las imágenes pueden ampliarse haciendo click sobre ellas. Seguro que no están todas las que son, pero sí son todas las que están. Con esto, zanjamos Sant Jordi por este año. Quien quiera más, que no se pierda los microrrelatos de Flux. Con un poco de suerte, repetiremos el año que viene...